miércoles, 27 de mayo de 2009

PASAJES DE VUELTA









La delicadeza de un verso renace en las horas
donde despierto acostumbrada al calor
de los plagios de diciembre.

La lluvia se eriza
al compás de un cántico desafinado
donde se pierden los gestos
tras el rictus de alguna sonámbula sonrisa
que me mira
al pasar cabizbaja por la calle,
mientras pierdo la mirada
en los angostos colores
de un paisaje casi renacentista.
Las paredes ya no laminan
los carteles de bievenida,
los semáforos caducan en la espera
de otros viandantes contagiosos
de cuentos...,
de m iradas..,
de roces...
controlados por el chillout de los claxon.

Las luces espectrales colman al silencio
de una fábula en melodía encadenada
mientras en lospatios se consumen
los últimos brotes de uva
como la vigía de una premonición desventurada..

Pasa el oro por las tardes dulces
como el charco se deshace
en las sombras de dos enamorados
que se rebuscan idílicos,
impacientes,
desafiando las últimas miradas
en las gaviotas sílfides.

Tantas historias como colores
a través dela ventana del metro
que asesina los últimos ladridos del día.

Tantos sonidos como silencios
amenazando el inestable vaivén de los espacios.

Observo los rostros a sabor cartón
tras el reflejo de las cartulinas
que anuncian la próxima parada,
o algun discurso insípido
malgastando los minutos.

Se huele
el fallido presagio de los boletos
en los cruasanes a medio gratinar
en el mísero impulso de las muelas,
en los pálidos ojos de goma,
en el chasquido inquieto de los dedos...

Las lágrimas de una adolescente
que subestima el poder del móvil,
parpadea en el sonido
un agridulce fulgor a fatalismo,
o alguna salsa casi insulsa de movimientos anclados
que se van desvaneciendo
por el vaho de la respiración
en un fallido intento por sobrevivir
a una atmósfera pecaminosa.

Marcha,
se detiene,
suben,
bajan,
entran,
salen...

La historia parece cambiar
a cada tramo del camino
entre saltos,suaves,inclusos.

El viaje en su transcurro deambula,
a veces,
hacia ninguna parte,
sólo la música..o los colores,
o esos mismos tramos que no tienen sentido
van desafiando los pasos,
los sitios,
las paradas,
los acechos,
las flores,
los versos...
cuando se marchitan al compás de unas notas
de piano lúgubre,
la infusión de las soledades
en su intento por eyacular bálsamos,
y el fin cuando es siempre el principio del ahora....
o de algún sueño que reaparece...
y reaparece.




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